– Podrías hacer un post sobre el sentimiento que hay previo al momento de hoy, tipo corredor de la muerte.

-Claro – le dije sin dudar – lo titularé la Milla Verde.

-Lo único que aquí no hay un negro que saca mariposas por la boca.

-Sí que las sacas, sí – le dije con sarcasmo.

Hablábamos de ese momento en que la relación ya está rota y el que “ha dejado” pide cita para volver a dejarte las cosas claritas y poder cerrar su círculo porque siente que tiene temas pendientes de despachar.

El día de autos, crees que hay una posible reconciliación, que ha entrado en razón, que valora como tú todo lo pisado para seguir haciendo camino juntos, y te recuerdas que la esperanza es lo último que se pierde. Te vienen flashes de vuestras risas, de vuestras confesiones a media voz, de las caricias regaladas, de aquella complicidad…

Y cuando se acerca la hora, aterrizas de tu idílico sueño y sabes que por más que creas en amor, la realidad supera a la ficción del autoengaño y que no va a ser nada agradable ese encuentro. Vas a recorrer esa Milla Verde sabiendo que morirás con sus palabras en cuanto te sientes delante, las que no quieres oír, las que son terminales y finales.

Supongo que la parte “dejadora” debe sentir algo parecido a una inmensa pena, porque sabe que te va salir mucha sangre, pero no puede ni quiere evitar el momento, ya que por su supervivencia, primero ha de limpiar su conciencia para continuar su camino, aunque sea a tu costa.

Y ahora cuando escucho de la parte #dejada: “Hemos quedado para hablar”. ¿Para hablar de qué, alma cándida? ¿Quiere volver contigo? No. ¿Lo tienes claro? Sí. Pues que quede con sus amigos para hablar! No te hagas daño gratuitamente, #gilipolladas las justas.

Esa cita ha de ser consensuada por ambas partes, sin equivocar emociones. Se ha de priorizar el pensar al sentir. Saber que es la última vez donde se volverán a poner los sentimientos sobre la mesa, organízalos y ordena palabras, porque después de aquel encuentro… no habrán más. Si no estás preparado/a, no acudas.

Es el momento de hablar por última vez de lo que fue, y de lo que no será. De recordar con cariño anécdotas que sólo vosotros conocéis y que con vosotros morirán. De dar el punto de vista de cada uno sin reprochar, porque ya no hay vuelta atrás y cómo decía mi padre: “Vete por la puerta grande”. Y yo agrego: “Haz lo que yo diga, no lo que yo haga”.

En mi caso, yo sabía que no estaba en condiciones ni físicas y psíquicas para cerrar nada, ni de escuchar reproches, de ver sus negaciones en silencio con la cabeza, de observar su cara larga infranqueable ya desconocida, sentirlo tan sumamente lejano y mucho menos de permitirle el lujo de que cerrara él su circulo, cuando mi forma geométrica era todavía un infinito desecho convertido en línea recta, bien tiesa.

Mientras conducía mi moto rosa hacia mi Milla Verde, recordaba las palabras de mi hermana: La vida da muchas vueltas, quizás… escúchale. Pero yo sabía que él ya le había dado todas las vueltas posibles a nuestra vida conjunta. Me pudieron las ganas de verlo apoyada en los “quizás” y una vez más…, dejé de lado a mi #amorpropio y antepuse los sentimientos. Él necesitaba cerrar su círculo y le concedí su último deseo.

¿Sabes qué? Esas fueron las últimas palabras que salieron de mis labios mirándole a los ojos. En aquel justo momento me sentí ridícula, pude tener una visión externa de aquella situación y ver aquella lamentable imagen, su autocontrol y mi destrucción. Di media vuelta y fui recorriendo mi Milla Verde a la inversa mientras iba vomitando aquellas mariposas que se habían alojado en mi estómago durante tanto tiempo…, y me contesté en voz alta: Que la vida sigue… Nunca escuchó mi autorespuesta, seguramente ya ni le importaba la última pregunta.

Espero que si decides recorrer tu Milla Verde, es porque lo necesitas hacer, pero no concedas deseos, para eso está Aladdín!

Qué tengas un buen día!!!

Chicago. Avenida Michigan, también conocida como La Milla Magnífica.

Aportación musical last minute de D.S. tras leer el post. Moltes gràcies carinyo!!!

 

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