“La mayoría de las penas de amor, son penas de amor propio”.

Me declaro ex-amante incondicional de los recuerdos, lo guardaba todo.

Me gustaba archivar fotos, pantallazos, canciones, citas, tickets, hasta #memes de esos que corren por las redes. El año pasado perdí dos discos duros cargados de gigas, uno detrás de otro, no preguntes…, imagina mi trauma. “Es una señal”, pensé tras recuperarme, si tenía que desaparecer todo y dos veces, por algo sería… siempre positiva, nunca negativa.

Hace unos días, como cada mañana me llegó la cita que inicia el post.

Me sonreí al verla, “llega un año y pico tarde”, pensé. De todos modos y sincerándome conmigo misma, si hubiese llegado en aquel momento que pasaba por “todo lo malo” la hubiese leído y la hubiese archivado como una más junto a todo lo coleccionable. Pero en frío y con todo lo que ha llovido desde entonces… , sólo contiene una invidente realidad que pasa por delante de nuestros ojos y no lo apreciamos cuando más lo necesitamos. La base de todo es el amor propio, lo que viene a ser autoestima… #eslomismo

Necesitamos sentirnos queridos, amados, correspondidos, aceptados y cuando se rompe una relación es lo primero que se quiebra. Esa necesidad de “amor” del prójimo más próximo que ya no existe, nos hace vulnerables en caso de no tener una buena base.

Siempre insisto mucho cuando hablo con personas que sufren o están pasando un” desamor” Q U I E R E T E

Y es tan fácil decirlo como sentirlo, de verdad! No pongas los ojos en blanco, es así. Sólo tenemos que “querer querernos”.

 Admiraba su fuerte personalidad, su gran profesionalidad, su capacidad de amistad, su familiaridad con los suyos, hasta su sexualidad, pensaba que era el mejor en aquel terreno!!! Creía que no había mejor persona que él sobre la faz de la tierra y tenía la gran suerte de que estaba conmigo y me sentía correspondida.

Me embobaba cuando hablaba, veneraba sus argumentos, mitificaba sus hechos con su peculiar manera de actuar, amaba sus ideales, me elevaban sus discursos a pesar de que no compartía la mayoría de lo que hacía o decía. Me daba igual. Me auto-convencía para pensar y poder compartir lo mismo porque ÉL, no se equivocaba nunca. Él estaba en lo más alto, tan alto que lo sentía inmensamente superior a mí en todos los aspectos, y yo notaba que se agudizaban mis defectos y se minimizaban mis virtudes posicionándome en un segundo plano en aquella relación. Ojo! Yo, me puse allí.

Pero…, recuperé mi equilibrio y le tiré de aquel pedestal que yo sola le había construido tras comprender la semiótica que me planteaba, como puedes entender que dicen en una peli de cine mudo, vamos.

Por mi parte, con el tiempo y después de entender el #sinsentido de todo, pude desgranar muchos factores positivos en mi conducta que me ayudaron a saber que no estaba loca, tan sólo enamorada. Debería considerarse un pecado capital ese “estado” #disculpenmiosadía

Había tenido toda la paciencia del mundo, había aceptado todas las normas, le había apoyado incondicionalmente en todas sus decisiones, había respetado siempre su privacidad, pero no fue suficiente… se le acabó el amor o el “enamoramiento” y eso jamás es reprochable.

Y se lo reproché… ¿Por qué? Volvamos al inicio del post con “las penas de amor...”, necesitaba sentirme correspondida ya que mi autoestima no me acompañaba en mi alma de Cenicienta con botas Dr. Martens.

No pretendo volver a caer en el pleonasmo, pero es inevitable #hacermepesadita para recordar la base de nuestra integridad: Quiérete a ti mismo/a antes de regalar tu amor!

“Los abrazos no se explican, los besos no se piden, el sexo no se exige y el amor no se suplica”.

Te deseo que tengas un buen día!

 

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