Imagen de Archivo: Amanecer 6:57 am, 15 de agosto del 2010

La cocina es el mejor sitio de mi casa.

Allí he reído como loca, y he llorado mucho. He visto como mis hijos empezaban a dar sus primeros pasos y a pronunciar sus primeras palabras como “abua”. Me he enamorado perdidamente también entre esas cuatro paredes y he amado con medida y desmesuradamente.

Me he emborrachado yo sola en una ocasión y qué risa cuando mi marido me encontró partiéndome la caja, su cara de #noentiendonada y yo no podía parar de reir e intentaba explicarle que llevaba yo más vino blanco que la cazuela!!! (Sí, sí, como el chiste del pollo al whisky). Y turcas con gente en todas las demás ocasiones, por supuesto, pero la #tajaanual más esperada es con mi hermana en Nochebuena, por tradición Ramírez haciendo las gambas.

En mi cocina, he confesado algunos de mis secretos en quién confiaba. He dado y he recibido los abrazos más sinceros y notado el cariño en ellos. He y me han consolado sin consuelo allí muchas personas a las que quiero durante estos años. He follado con pasión y también han empezado los mejores polvos. Me han explicado intimidades a media voz que sólo las paredes y yo guardaremos con la seguridad de que morirán junto a mi.

Me he ilusionado como una quinceañera hablando por teléfono viendo mi sonrisa boba reflejada en la ventana. He añorado hasta morir de pena. Allí, también he sentido el dolor de la traición. He planeado viajes de ensueño que luego he vivido. He tenido la suerte de mantener las mejores charlas relajadas con personas cercanas y/o conocidas (aunque en aquellos momentos no importa el grado de confianza si te sientes bien).

He escrito amargas despedidas queriendo hacer daño premeditadamente en ocasiones, en otras sin saberlo; y también grandes textos con palabras llenas de amor y sentimiento.

He escuchado historias desagradables, dolorosas, increibles y otras emocionantes (de las que afloran lágrimas). He rogado allí mismo como nadie debe hacer, por causas perdidas que pensaba que eran justas. He regañado, insultado, enfadado y machacado a quién me ha dejado o me lo ha pedido voluntariamente para hacer reaccionar (se me da muy bien).

Me he perdido y me he encontrado también en mi cocina. He compartido mis angustias, mis miedos y mis realidades. Me he tomado los mejores cafés en compañía y conmigo misma; y los más amargos. He saboreado la esperanza y la venganza, esa que se sirve en plato frío, porque tarda en llegar, pero llega. He soñado despierta sentada en mi escalerita mirando al horizonte por la ventana (es fantástico y necesario hacerlo).

Y es que la cocina es pequeña, pero tiene imán y no hablo de esos pequeños souvenirs que están sujetando papeles en la puerta de nevera de los lugares que he visitado o me han regalado, hablo de que esa cocina (para mí) tiene magia y contiene una gran parte de mi vida. No te lo podría explicar…

Reuniones de chicas donde mi hija Marina se trae el puff del comedor y nos escucha atentamente haciendo ver que dibuja mientras hablamos #codificando para que no “pille” nuestras conversaciones adultas, y es que no caben sillas, ni nada para poder “estar”, pero allí seguimos estando.

Y tiene su gracia, aunque siempre me quejo, con los metros que tiene el piso y estamos todos aquí!!! Pero me encanta que esté llena de gente, lo reconozco, no lo puedo ni lo quiero evitar.

Apiñados los amigos y/o familiares mientras se hacen las cenas, o las comidas, la música siempre sonando, los niños enseñándome los deberes mientras algo se hace al plaf plaf, o quizás experimentando con platos elaborados, alguien que molesta en la derecha o en la izquierda para coger o para dejar algo, es… #caótica como lo soy yo al fin y al cabo…

Ahora he recuperando mi sano vicio de levantarme 10 minutos antes para pasar conmigo un rato cada mañana aquí (desde donde he empezado a escribir esto), en silencio, con la luz cálida de las linestras, cuando los niños todavía duermen y me tomo mi primer café viendo amanecer. Después, doy los “Buenos Días” (bon diaaaaa) a mi Amarillo y en los millones de grupos de whatsapp donde participo. Me encanta hacerlo!!! Las mañanas sin esos #buenosdias, no sería lo mismo…

Trece años cocinando experiencias, anécdotas e historias son muchos años, pero pocos con los que me quedan, en mi cocina o en la que sea, al fin y al cabo quienes la llenamos somos las personas.

No sé porque recuerdo últimamente esas palabras que nunca escuché: “no es lo mismo tener una casa que tener un hogar”. Yo lo tengo porque así lo siento, porque lo he creado con mi esfuerzo, porque me gustan quienes lo habitamos, porque me gusta como vivimos.

Quién no aprecie esa estancia de mi casa…, no merece disfrutarla.

Feliz viernes. Qué tengas un buen día!!!

 Hoy nos acompaña de fondo Patricia Lázaro con Átame. Hace algún tiempo me la recomendó Miriam G. que lee por aquí aunque no deja comentarios, como tú, pero no me importa mientras sigas visitándome y alguna vez me comentes en privado.

Miriam, dice que esta mujer y yo tenemos mucho en común (#noseporque) pero nos ha emparejado con su música y mis letras. Tiene fuerza, tiene garra y tiene cuerdas con las que quiere que la aten, (posiblemente ha sido eso!!!)  😉

Esta canción es su favorita (bueno, me gustan todas de Patricia, pero la de Átame me recuerda a ti, cito textualmente)  así que aquí os la dejo, espero que la disfrutéis!

Agradeceros de antemano las propuestas musicales que van llegando por privi, tengo una lista y las apunto, no me olvido, irán saliendo! Quiero más!!!

Gracias, gracias, gracias!!!

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