No me pienses, porque yo no voy a hacerlo. Ahora necesito seguir con mi mente en blanco, con mi corazón palpitando a su ritmo, lo marca él, manda porque está convaleciente y mejor que tú no lo sabe nadie, viviendo minuto a minuto sin más pretensión que descansar para recuperarse.

No puedo pedirte nada, porque no puedo darte nada, porque un día confundí el egoísmo con la cobardía, ante la presión hay quién sale huyendo cuando se intenta modificar su zona de confort, cualquier excusa es buena para volver al modo ostra de la tranquilidad, pero yo no voy a salir corriendo porque no te concederé la licencia para que me presiones. Yo sí que soy egoísta, me protejo desde hace algún tiempo, lo llaman amor propio.

Me gusta porque no intentas seducirme mientras me seduces, sólo miras mi sonrisa con timidez con tus miedos cuando bromeamos, cuando te quedas en silencio y sólo tú sabes que piensas cuando charlamos de la vida y filosofeamos de lo idílico, porque sólo te utilizaré para eso, para poseer tu efímera compañía.

No esperes que te escriba o que te llame más de lo que lo hago, porque cuando me escuchas o me lees es porque necesito de mi, no de ti. No creo que pueda hacerlo con la frecuencia que a ti te gustaría, desearías, quisieras o tenías planeado, no puedo… ya que no quiero, porque no lo necesito, porque vivo cómo he decidido y debo vivir.

No voy a pedir (te/me) tiempo, porque no lo poseemos, porque la vida pasa y no espera y nosotros tampoco, quizás un día me arrepienta, pero hoy no lo haré porque no pierdo de vista el mañana, que está al girar la esquina, y mañana tampoco querré, quizás pasado, pero sólo es “meibi”.

Dame lo único que te pido, nada.

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