El otro día leía a Anita Blanco en su post “Amor sin condiciones”, sentada en mi cocina a las 6:35 de la mañana junto al silencio de esas horas que tanto me gustan, mientras se intenta desperezar el sol y alguien está poniendo ya las calles.

Pude revivir exactamente lo que describía, desgranar entre sus letras, sus comas y sus puntos, la potencia de sus emociones y la impotencia de sus sentimientos. Cómo se sufre por un amor incondicional, cómo te puedes llegar a doblegar inconscientemente cuando suplicas, que ofreces tu vida a cambio de negativas sordas y mudas, y cómo intentamos fortalecer el alma con la cómica dignidad que decimos que aún poseemos. Ingenuas…

Menudo #carajillo de buena mañana me estaba preparando para empezar el día, café con rabia, con pena, con compasión, con sufrimiento, con empatía… porque he conocido esos picos incontrolables… Donde ruegas y te arrastras y tú misma te intentas recomponer pensando que ya has tenido suficiente y que vales mucho para estar ahogándote en tus propias lágrimas, hasta que cualquier signo (muchas veces ficticio), canción, olor o sabor, te hace de nuevo fallecer.

Leí los amables comentarios que dejaban sus lectores, que de buena fe intentaban animar, pero yo sólo pude pensar en la palabra mágica más odiada que no quieres escuchar cuando el #unlove te posee: “tiempo”. Decidí que no hacía falta aportarla. Volví a releer mientras apuraba el amargo café y esta vez, me uní al resto de empatizantes, sólo pude expresar mi verdad: “Si es así, un día le agradecerás que esté lejos, créeme.”

Y me fui a trabajar pensando en sus letras, ebria todavía, sin poder explicar con palabras el dolor que llegué a sentir cuando tras meses de ilusoria espera, lo seguía viendo sentado al otro lado de aquel viejo sofá en mi comedor, con mirada ausente lo imaginaba que me miraba mientras en mi cabeza resonaban sus negativas. Todavía me asombro de cómo pude transformar ese tormento de desamor obsesivo, en mágica indiferencia. Supongo que cuando quise abrir mi mente y salir de ese bucle enfermizo para entender todo, lo logré. Sí, llegué a entenderle y con ello lo más importante, entenderme a mi. Con el tiempo (jamás pensé que llegaría este momento), hoy le agradezco enormemente la capacidad que tuvo para poder poner fin a aquella relación que no nos hubiese llevado a ninguna parte, sólo a perder vida a ambos de manera intermitente e indefinidamente.

Seguro que has escuchado alguna vez eso de: “en las relaciones siempre hay uno que da más que el otro”. Yo creo que lo predican los que aman de manera enfermiza o los que no se sienten correspondidos como necesitan…, de cualquier manera, si vives una relación en que podrías afirmarlo, pon remedio ya que antes o después, te acabará amargando.

En esto del amor no hay un medidor, no se ha inventado (todavía) un #amorímetro, pero tú sabes (mejor que nadie) cuando amas y si te aman también lo puedes sentir. A mi a estas alturas ya no me hacen faltan frases hechas, te lo aseguro.

El amor… es cosa de dos, y si lo tenéis cuidaros el uno al otro, que es un tesoro y hay mucho/a pirata suelto!

Te deseo que tengas un buen día.

No podía faltar AS del gran George Michael que tanto he adorado. DEP

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