Cuando te enamoras del amor y no de la persona que lo habita, te destruye.

Me explico.

Tras casi 6 meses de la ruptura sentimental más importante de mi vida, he llegado yo solita a esa idónea conclusión.

Fue una persona que me aportó tanto, tanto, tanto que me negué a renunciar a su amable docencia altruista.

Nadie hasta la fecha consiguió hacer brotar de mi alma tantas emociones y sentimientos.

Ni yo era para él, ni él era para mí.

Entendido esto, me reservé demasiado el derecho de admisión.

Con el tiempo he gestionado el concepto, no fue más que eso, seguía enamorada del amor.

Con mis sentimientos controlados, ahora me siento capacitada “venga cuando venga” alguien para compartirlos, sin barreras entre lo que puedo sentir y ser.

Sigo creyendo en el amor, aunque ya no esté enamorada de él.

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